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Pedagogía

La inovadora “Pedagogía de la Intencionalidad” es la aplicada en el Espacio de Educación Integral “Satea”. La misma se basa en una visión activa del alumno y el docente, y apunta al desarrollo de la conciencia y el pensar coherente. Las mismas son:


1º- Aprendizaje y atención

2.- Aprendizaje y el buen humor.

3.- Aprendizaje y afectividad

4.- Aprendizaje y ambiente

5.- Aprendizaje y diálogo generacional


“Aprendizaje y atención”: Es la primera llave y pone el acento en la importancia de la distensión de la atención, en generar agrado en el proceso educativo, es decir, que no sean elementos como el castigo o el temor los que primen, sino el interés genuino. Esto se logra desarrollando la auto-observación, el darse cuenta del propio pensar, actuar y sentir. De este modo, es más simple para el alumno captar el momento en que la atención se disipa. Incorporando la actitud atenta como valor, niños y jóvenes ganan mayor conciencia, libertad interna y potencia en el pensar. Y la mirada es más clara, investigativa y crítica. Contra la concepción de la educación clásica, donde la atención está más vinculada a ceños fruncidos y aburrimiento, esta primera llave nos muestra la importancia de la atención en el proceso de aprendizaje, como una de las esferas de la actividad humana, pero sin limitarse a ella.

Herramientas como el cerco mental, que permite estar en lo que se está y correr ruidos que no tienen que ver con el ámbito de aprendizaje; la postura que permite una mejor disposición para las tareas y la comprensión de los temas; y el relax (externo, interno y mental) que facilita una mejor concentración son algunas de las herramientas fundamentales para facilitar la atención distensa durante el proceso de enseñanza aprendizaje.


“Aprendizaje y el buen humor”: Esta llave muestra como la actitud lúdica facilita un desarrollo interno, no sólo desde la perspectiva neurofisiológica (generación en zonas cognitivas del cerebro, irrigación de zonas, etc.) sino también como un “distensador” del ámbito de la educación, reforzando y mejorando los vínculos humanos. Sus ventajas son variadas: convivencia más adecuada, mejor salud mental, apertura a más posibilidades diversas, incidencia en el desarrollo cognitivo e incluso en el reforzamiento del aparato inmunológico del ser humano, lo que está llevando a tomar “más en serio” esta fuente de sentidos y recursos.

A la hora de implementar esta llave, destacamos la importancia del buen tono por parte del docente. Ese tono amable, neutro que logra captar la sensibilidad del alumno y que va conformando una atmósfera propicia para la construcción del conocimiento.


Aprendizaje y afectividad”: Esta llave muestra que no hay un aprendizaje significativo cuando es descuidado el aspecto afectivo o emocional. Así, el tipo de afectividad que rija en las situaciones de aprendizaje quedará grabado en la memoria de la persona junto al dato del conocimiento, con las subsiguientes consecuencias en el resto de los procesos educativo y personal. Porque si bien funciona en una estructura, donde todo el ser está implicado, es claro que la emocion opera como un conector que facilita o dificulta ese flujo de asimilación de lo nuevo. En nuestro caso, es el educador quien toma la responsabilidad de generar los ámbitos con las afectividades emocionalmente favorables para el mejor aprendizaje. Son el trato afectuoso y la comunicación directa, elementos fundamentales que propician la construcción del vínculo docente-alumno. En este caso, se valora no sólo la parte intelectual sino también la parte emotiva en el proceso de enseñanza-aprendizaje.


“Aprendizaje y ambiente” es la cuarta llave. Estrechamente vinculada a la cuestión de la emocionalidad, destaca la importancia de la atmósfera educativa, de que en ésta se observen elementos como diálogos de paridad, resolución de problemas en conjunto, colaboración, trabajo colaborativo y en equipo. Otro elemento a considerar dentro de la creación de ambientes de aprendizaje es, que lo que se va a aprender debe ser del interés del alumno, ya que ese será el “motor” que dinamizará todo el proceso. Y finalmente la actitud del docente que ayuda este proceso es el de acompañamiento. Desde Saeta nos importa que el alumno registre el constante acompañamiento del profesor y a la se integre en la clase aportando su punto de vista. Un punto a destacar es de las clases grupales. Es el agradable clima entre los alumnos y el docente, desde el compartir del intercambio de puntos de vista que van construyendo el conocimiento. Se genera un espacio de ayuda entre los alumnos ya que mutuamente se van aclarando dudas mientras el docente actúa como guía en el conocimiento. Es muy interesante el armado de este tipo de clases porque se crea un nuevo vinculo entre los alumnos que se encuentran en ese espacio para estudiar, donde comparten experiencias, intercambian, se consultan, todo dentro de un ámbito de estudio donde impera el buen trato y la comunicación directa. Otro punto a destacar, es ver lo humano de cada persona, el mundo interno que tiene donde se van acumulando experiencias. Ese mundo tan maravilloso e interesante de explorar que se puede ir trabajando para ganar en unidad interna. Desde este punto, es que el maestro puede iniciar un proceso nuevo teniendo en cuenta ese mundo interno de cada alumno, guiándolo y ayudando a que se desarrolle las virtudes. De esta manera, uno se conecta con lo mejor del otro y ese otro capta esa sensibilidad, ese trato y una apertura emotiva nace. Estos son los espacios que hacen falta para la creación de un nuevo modo de educar. Un espacio donde se genere una apertura emotiva y desde ahí comenzar el trabajo de enseñanza aprendizaje.

En nuestra experiencia es llamativo como niños y adolescentes captan el sentido del armado de esos ámbitos de estudio, captan la sensibilidad y la predisposición del docente para la clase. Es por esto que ellos se sienten acompañados y rodeados de una buena atmósfera que les permite aprender de un modo distinto: aprender con entusiasmo y reconocer en ellos mismos el registro de alegría, de coherencia cuando avanzan en su propio proceso.


“Aprendizaje y diálogo generacional” Esta última llave resume y pone en acción la teoría que el Humanismo Universalista rescata de Ortega y Gasset. El ámbito educativo es un espacio privilegiado de este encuentro de generaciones. Es importante que, tanto quienes cumplen funciones docentes como los niños y jóvenes, comprendan que el paisaje de formación ha gestado una sensibilidad particular correspondiente a los primeros años de vida, vinculada a un mundo que no hemos elegido y que ya no existe, pero que podemos cambiar. Esta teoría por supuesto que excede el ámbito educativo, pero es de destacar la importancia de considerarla al momento de valorar la relación entre generaciones y los eventuales choques de paisajes. Hemos podido comprobar desde nuestra experiencia que al estudiar los docentes nuestro propio paisaje de formación e intentando flexibilizarlo para comprender el paisaje de la nueva generación, se logra mejorar notablemente las condiciones de diálogo, rompiendo esa actitud reactiva y confrontativa tan común en el aula de la educación tradicional.


Es claro que si logramos convertir el espacio educativo en un punto de encuentro de las generaciones y no en un “campo de batalla” como acontece al momento actual, las posibilidades de generar mejores condiciones de aprendizaje aumentan exponencialmente. En el diálogo, no en la confrontación, es sin duda donde los partícipes del acto educativo logran disfrutar cotidianamente del desafío de aprender y transformarse.

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